Luz ultravioleta germicida UV-C. Desinfección ultravioleta

La luz ultravioleta UVC y su efecto germicida

Cuando hablamos de luz ultravioleta (UV) nos referimos a un tipo de luz emitida por el sol que no es visible y que sin embargo está ahí, aunque afortunadamente la mayor parte de la misma es absorbida por nuestra capa de ozono, lo que nos protege de serios daños. Pero que no podamos verla y que gran parte sea absorbida por la capa de ozono no significa que no llegue nada, ya que en concreto el tipo UVA y el UVB (radiación ultravioleta de onda larga y media) sí que traspasan la Tierra.

Es el tipo de luz denominada UV-C (de onda corta) la que no puede llegar de manera natural. Sus usos artificiales, en cambio, sí que nos permiten “beneficiarnos”, por decirlo de alguna manera, de ese tipo de luz mucho más destructiva y peligrosa. Dicha peligrosidad es la que hace que, a través de un uso controlado, pueda sernos de gran utilidad para usos tan interesantes como el germicida, lo que ha cobrado mucho interés con la llegada del coronavirus.

La luz UVC causa daños estructurales en microorganismos como virus y bacterias, lo que impide que el ADN de los mismos se replique y no pueda reproducirse muriendo finalmente. Esa capacidad germicida de la luz ultravioleta UVC es la que permite su uso en esta nueva pandemia que asola a la humanidad, la del coronavirus Sars-COV-2 causante de la enfermedad Covid-19, pudiendo utilizarse de diferentes modos (como por ejemplo a través del uso de lámparas UV) con el fin de frenarlo y reducir los casos de contagio y enfermedad.

Por qué la luz ultravioleta puede matar virus

La luz UV se caracteriza por tener un rango específico de longitud de onda, entre 200 y 300 nanómetros, clasificada como “germicida”, ya que con dicha longitud de onda la luz ultravioleta inactiva microorganismos como bacterias, virus u otros patógenos. Esta condición de la luz ultravioleta uv-c es la que ha hecho que se popularice su uso en la protección y desinfección de microorganismos perjudiciales, presentándose como una opción alternativa a los métodos químicos y mucho más ecológica.

Los rayos ultravioleta uv-c consiguen inactivar dichos microorganismos prejudiciales de una forma rápida y efectiva, a través de un proceso físico que impide que estos organismos puedan seguir reproduciéndose y, por tanto, infectar. Durante décadas, gracias a esta propiedad de la luz UV-C, se ha demostrado que su uso es muy útil para combatir patógenos y enfermedades peligrosas especialmente para la vida humana, sobre todo las de tipo viral y bacteriano, aunque también otras de tipo parasitario.

Uso de lámparas ultravioletas como germicidas

Como hemos podido ver a lo largo de este artículo, la tecnología ultravioleta es un método no químico muy útil para acabar con los virus y que además es sencillo, requiere poco mantenimiento y es también bastante económico.  Es lo que ocurre con las lámparas ultravioleta germicidas, que son asequibles para prácticamente todo el mundo y son un recurso fantástico para añadir en la lucha contra el coronavirus.

Este método de desinfección está diseñado para producir una dosis concreta de luz ultravioleta a través de unos tubos de baja presión y de onda corta letales para acabar con virus y bacterias. Suelen tener una energía situada en los 254 nanómetros, que es la cifra idónea de luz UV para destruir este tipo de microorganismos nocivos desactivándolos y volviéndolos inofensivos o inexistentes. Y es que la energía UV de onda corta (es decir, la UVC) sobre todo a 254 nanómetros, es absorbida por el ADN y el ARN celular del patógeno, lo que provoca la “dimerización” de sus moléculas. Cuanta más dimerización tenga lugar en las moléculas del patógeno, mayor seguridad habrá de su incapacidad de infección.

La bombilla de una lámpara de luz ultravioleta (UV-C) produce una radiación de onda corta situada entre 100 y 280 nanómetros en el espectro electromagnético. Dichas longitudes de onda, como hemos tenido ocasión de ver, son letales para los virus, por lo que se convierten también en un excelente aliado en la lucha contra el SARS COV-2 causante de la Covid-19. De hecho pueden ser utilizadas en distintos tipos de espacios, como habitaciones, salas de hospital, coches, zonas de agua, aire…Estas lámparas uv, generalmente están fabricadas con vapor de antimonio (antes mercurio) y con una intensidad que puede variar entre baja, media o alta y baja presión. Eso sí, deberemos tener en cuenta que este tipo de radiación es perjudicial para el ser humano y muy peligrosa para los ojos especialmente, por lo que siempre habrá que recurrir a lámparas ultravioleta debidamente homologadas y con las protecciones para su uso adecuadas.

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