Índice de calidad del aire ICA

aire limpio

¿Cómo se mide la calidad del aire?

La contaminación de las grandes ciudades y núcleos de población es, sin duda, uno de los grandes males del siglo XXI. De hecho, nos hemos acostumbrado a que muchos gobiernos implanten restricciones al tráfico y a la movilidad cuando los índices de polución superan determinados valores.

Pero ¿pueden las personas de a pie saber qué cantidad de contaminación hay en el aire que respiran? La respuesta es que sí. De hecho, ese era el objetivo de la Agencia Europea del Medio Ambiente cuando, en el año 2017, creó el ‘Índice de Calidad del Aire’. Aquí queremos hablarte de él en profundidad.

¿Qué es el Índice de Calidad del Aire?

El Índice de Calidad del Aire (ICA) de un indicador permanentemente actualizado que brinda información acerca de la calidad del aire de las ciudades y poblaciones en general. Esto es posible gracias a que, para su elaboración, la Agencia Europea del Medio Ambiente ha instalado más de 2000 estaciones de medición repartidas por toda Europa.

En concreto, el ICA se elabora a partir de los niveles de ozono troposférico (O3), dióxido de nitrógeno (NO2), dióxido de azufre (SO2) y partículas en suspensión (PM2,5 y PM10). Con esos datos, y a través de una serie de cálculos matemáticos, se establece una valoración que puede ir de 0 a 500. Cuanto más alta sea la cifra, mayor peligrosidad habrá para el ser humano.

Sin embargo, para hacer más intuitiva la interpretación del ICA, la Agencia Europea del Medio Ambiente ha establecido 6 categorías de peligrosidad en función del nivel de contaminación ambiental en la región consultada:

  • De 0 a 50. El nivel de calidad del aire es bueno. Se muestra en color verde.
  • De 51 a 100. El aire sigue siendo bueno, pero lanza señales de advertencia. Se representa en color amarillo.
  • De 101 a 150. En color naranja. El aire empieza a ser dañino para personas especialmente sensibles.
  • De 151 a 200. Aquí el aire ya es perjudicial para cualquier ser humano sin importar su grado de sensibilidad. Se enseña en color rojo.
  • De 201 a 300. El aire, cuando se sitúa entre estos valores, es muy dañino para la salud. Se refleja en color morado.
  • De 300 a 500. Muy peligroso. El aire no solo puede reportar perjuicio a la salud a largo plazo, sino también a corto. Se muestra en color marrón.

Generalmente, las autoridades públicas empiezan a tomar medidas de control del tráfico y aplican restricciones sobre la movilidad cuando el ICA se sitúa en valores comprendidos entre 151 y 200. En ese punto, reducirlo es de vital importancia. La bajada puede darse por motivos naturales como la lluvia. Es por eso que la calidad del aire suele ser peor durante el verano que en el invierno.

Consecuencias de la mala calidad del aire

Para que te hagas una idea de la gravedad de la situación actual, se estima que, durante el año 2014, 400 000 personas residentes en países miembros de la Unión Europea fallecieron como consecuencia directa de la inhalación de partículas en suspensión PM2,5. Es prácticamente imposible determinar cuántos murieron en total por culpa de la contaminación del aire, pero resulta evidente que pueden contarse por millones.

Pero, aunque sea en un menor nivel de gravedad, la contaminación del aire también tiene efectos adversos en otras muchas materias. Por ejemplo, genera un grave perjuicio a los cultivos, los ríos y los lagos, los bosques y el suelo. Asimismo, también incrementa los gastos médicos a los que tiene que hacer frente el Sistema Nacional de la Seguridad Social, afecta negativamente a la productividad de los trabajadores y reduce la esperanza de vida.

La calidad del aire en casa y en el interior de locales comerciales

Puede que, aunque la calidad del aire en tu ciudad sea baja, te sientas seguro dentro de casa. Sin embargo, no deberías. ¿El motivo? Hay muchos agentes contaminantes que se liberan en el interior de los edificios y que pueden afectar negativamente a tu salud. Hablamos, por ejemplo, de los derivados del uso de materiales de construcción, de la quema de combustibles para calefacción o de la propia actividad de los animales de compañía y de las personas que residen en él.

¿Quieres saber cuáles son los agentes contaminantes que debes tener en cuenta dentro de tu hogar o local comercial? Presta atención:

  • Formaldehídos. Un compuesto orgánico volátil (COV) muy habitual en la industria y con presencia en muchos productos de uso doméstico. Es altamente inflamable.
  • Dióxido de carbono (CO2). No es realmente tóxico, aunque sí muy perjudicial para el ser humano. Se considera como el mejor indicador para determinar la necesidad de renovar el aire del espacio cerrado.
  • Dióxido de nitrógeno (NO2). Un gas tremendamente tóxico e irritante que, generalmente, se produce por combustión. De hecho, es una de las sustancias más contaminantes emitidas por los vehículos diésel. Está relacionado directamente con multitud de enfermedades respiratorias.
  • Dióxido de azufre (SO2). Se reconoce rápidamente porque huele muy mal y es muy irritante. También es emitido por la combustión de productos derivados del petróleo.
  • Otras partículas (PM). Generalmente, se trata de una mezcla de partículas inorgánicas y orgánicas, sólidas y líquidas, que están suspendidas en el aire y que son inhaladas por las personas. Algunas especialmente pequeñas, como son las PM2,5, son especialmente nocivas para la salud.

Pero ¿cómo conocer los niveles exactos de estas partículas en el aire para tomar las medidas adecuadas? Es indispensable que cuentes con los siguientes sensores y dispositivos de detección:

  • Sensores de CO2. Miden las partes por millón (ppm) de este gas en el aire mediante tecnología de infrarrojos. A partir de 30 000 ppm, es necesario renovar el aire presente en la estancia. Esto puede hacerse mediante un sistema de renovación de aire adecuado o, simplemente, abriendo las ventanas.
  • Sensores de VOC. O formaldehídos. También muestran datos en partes por millón y emplea el mismo valor de referencia para indicar la necesidad de renovar el aire (30 000 ppm). Esto se debe a que son derivados del carbono.
  • Higrómetros. Son sensores de humedad que, por lo general, tienen un termómetro incorporado. Esto se debe a que conocer la temperatura de la estancia es importante de cara a determinar el nivel de humedad adecuado que ha de tener. Ten en cuenta que la humedad ambiental influye mucho en la sensación de confort dentro de espacios cerrados.
  • Sensores de PM2,5. Estas son las partículas finas en suspensión más peligrosas. De hecho, su presencia está relacionada con la aparición de enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Para detectarlas es necesario emplear sistemas de detección láser.

Todos los datos reportados por estos sensores tienen valor. De hecho, su interpretación es indispensable para programar de forma adecuada los sistemas de ventilación y renovación del aire instalados dentro del hogar o del local comercial. Solo así es posible garantizar unos estándares de calidad óptimos para las personas que los habitan, los visitan o que trabajan allí.

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